miércoles, 19 de noviembre de 2014

9.- Articulaciones y músculos esqueléticos del ave

En la musculatura de las aves la grasa intramuscular es más escasa y el color del músculo depende de la región corporal y la especie. En aves voladoras la musculatura pectoral es muy roja, indicativo del gran número de fibras musculares ricas en mioglobina, mientras que en las aves que han perdido la facultad de volar, dicha musculatura es pálida, debido al predominio de fibras musculares blancas. Interesa destacar los músculos implicados en el vuelo. Se trata de los músculos pectorales, integrantes de la pieza cárnica conocida vulgarmente como “pechuga”.


El pectoral superficial se origina en la mayor parte de la superficie de la quilla esternal, clavícula y membrana esternocoracoclavicular y se inserta en el húmero, en su extremo proximal (cresta pectoral). Actúa como músculo depresor del ala durante el vuelo.

El m. pectoral profundo se origina en parte de la quilla esternal cubierto por el anterior; desarrolla un tendón que pasa a través del canal trióseo para insertarse en la superficie dorsal del extremo proximal del húmero. Éste actúa como elevador del ala durante el vuelo. Dicho tendón puede romperse por un traumatismo (choque contra una ventana, por ejemplo) y entonces es característico observar que el ave no puede levantar el ala. En este caso es importante proceder a la reparación del tendón, ya que un vendaje del ala afectada conduciría a la formación de un callo óseo en el canal que acabaría con la función del mismo. La musculatura pectoral debe ser siempre explorada ya que indica el estado nutricional del ave y puede ser usada para la aplicación de inyecciones intramusculares. (Se recomienda introducir la aguja en la parte caudal del músculo pectoral superficial, ya que la craneal presenta un mayor aporte sanguíneo y existe riesgo de introducir las sustancias en el torrente sanguíneo).


De entre los músculos propios de ala, cabe destacar la descripción del m. extensor carporradial, originado en el epicóndilo medial del húmero, su corto tendón de inserción se extiende sobre la superficie craneal de la articulación del carpo para terminar en la apófisis extensora del carpometacarpo. Este tendón puede seccionarse en una de las alas para impedir el vuelo, ya que de este modo se limita la extensión de ala. En el miembro torácico, además de los músculos, conviene resaltar la presencia del propatagio. Se trata de un pliegue triangular de piel en la parte craneal del ala extendido entre las articulaciones del hombro y el carpo. Su borde craneal está recorrido por el ligamento propatagial elástico. Para impedir el vuelo, a veces se recurre a una sección triangular de este pliegue. También es utilizado para colocar las grapas que fijan anillas marcadoras en las anátidas. 

Respecto a los músculos del miembro pelviano, su función principal es la de mantener el cuerpo erecto y en equilibrio, además de estar al servicio de la locomoción, por lo que todos los músculos están bien desarrollados. Pueden utilizarse para realizar inyecciones intramusculares, aunque siempre considerando que las sustancias administradas transitan por el riñón antes de incorporarse a la circulación sistémica, al existir en las aves un sistema venoso porta-renal. Por otro lado, conviene señalar que muchas aves de percha y de presa presentan el llamado “aparato recíproco”. Este sistema da lugar a una flexión de las articulaciones interfalangianas de los dedos de la pata siempre que también esté flexionada la articulación del tarso. Ello se debe a que los tendones de los músculos flexores digitales se tensan a su paso por la cara caudal del tarso cuando el ave se agacha, dando lugar a una flexión recíproca de las articulaciones de los dedos. Este mecanismo debe ser tenido en cuenta para desgajar a un ave grande.

En la cara medial de la articulación del tarso puede reconocerse la vena tibial caudal. Su trayecto subcutáneo resulta idóneo para venipuntura en aves de cierto tamaño, también con fines diagnósticos, como por ejemplo en la enfermedad de Marek, es interesante saber localizar el nervio ciático a su paso por el muslo, caudalmente al fémur y cubierto por la musculatura medial del miembro. Señalar finalmente que es frecuente la mineralización de los tendones flexores de los dedos del pie (mm. gastronemio, flexores digitales superficial y profundo) y de los dedos de las alas, lo que radiográficamente debe ser reconocido como un hecho normal.

Los músculos del tronco tienen una importancia menor y los del cuello están muy desarrollados debido a la movilidad de esta región del raquis. Los músculos abdominales e intercostales quedan reducidos a delgadas láminas.

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